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KABALAH
La
palabra Kabbalah, del hebreo antiguo "tradición recibida", es la enseñanza oral, la transmisión
directa y vivencial de una sabiduría espiritual milenaria.
Es una experiencia directa de lo trascendente con un profundo sentido universalista y humanista. Es también un don
merecido, es decir, una mezcla de esfuerzo e iluminación.
Originaria de Oriente, conlleva dentro de sí la memoria de antiguas culturas y civilizaciones. De Israel a Egipto,
Caldea, Persia, Babilonia, Grecia, son sus fuentes arcaicas más representativas.
Durante muchos siglos la Kabbalah estuvo enmarcada en el pueblo de Israel. Nadie puede negar que el judaísmo fue
una de las matrices más representativas en el desarrollo espiritual de Occidente. Pero si bien las ramas de la
Kabbalah se desarrollaron en el judaísmo no es posible tampoco su estancamiento en él.
Según la Kabbalah, cuando Dios entregó las Tablas de la Ley a Moisés en el monte Sinaí, hizo una segunda
revelación en cuanto a su significado secreto, de cómo debería ser leída y entendida la Torah (Ley Sagrada) y
transmitirla oralmente a los iniciados. En este sentido la Kabbalah es un método de contemplación mística y de análisis
semántico.
Los kabalistas parten de la idea que el significado interno y oculto de las cosas no puede ser comunicado sino que
hay que saber encontrarlo. Por esto la enseñanza es por implicación y no por aseveración. ¿Dónde está Dios?
Preguntó un hombre. Y el kabalista respondió ¿Y dónde no está?
Muchos son los pasajes oscuros y libros de difícil interpretación, escritos en códigos que solo la tutela de un
maestro calificado el discípulo podrá comprender. Al respecto se dice: “Si lo que se lee es cuerpo, lo que se
entiende es alma”.
Durante siglos fue hermética, debido al conflicto suscitado con las instituciones religiosas establecidas, en este
sentido la Kabbalah despertaba un aire de revelación y revolución por cuanto proponía la importancia de la
“experiencia individual y personal” en el camino espiritual. De esta manera los kabalistas transmitieron sus
secretas técnicas milenarias de meditación a través de metáforas y símbolos esotéricos.
Hoy,
en los umbrales Tercer Milenio, existe una tendencia generalizada a abrir este enorme saber a todo ser humano sin
distinción, siempre que desee de corazón penetrar en los misterios de la Ciencia de la Verdad.

A pesar de que la Kabbalah se fundamenta en una tradición, ella está abierta a la ampliación y renovación. Al
respecto se dice que “cada generación experimenta una nueva Kabbalah”.
A lo largo de la historia grandes personalidades se han inspirado en la Jojmah Anishtar o Sabiduría de los
misterios, tal es el caso de: Dante Alighieri, Miguel de Cervantes Saavedra, Paracelso, Goethe, Franz Kafka, Sigmund
Freud, Albert Einstein, Walter Benjamin, Martin Buber y hasta el literato argentino, Jorge Luis Borges.
La Kabbalah puede adoptar muchas formas imaginables. Puede presentarse en un libro sagrado, en una meditación;
o aparecer como un guía espiritual; también en una danza mística, en altos estudios filosóficos o en un diálogo
con Dios.
Si
bien la Kabbalah se aprende en forma oral, de boca a oído, existen obras literarias destacadas. Entre ellas
encontramos la Torah es decir el Pentateuco o los cinco primeros libros de Moisés, el resto de las Sagradas
Escrituras, el Talmud (comentarios de la Biblia) y un cuerpo de leyendas e investigaciones tradicionales. Las obras
específicas más conocidas de Kabbalah son el Zohar o Libro del Esplendor, el Sefer Ietzirah o Libro de la Formación
y el Bahir o Libro de la Claridad.
Aunque existen pocas escuelas kabalistas como tales, la transmisión se fue adaptando a las condiciones culturales y
geográficas de cada época. Es por ello que la Kabbalah es tan amplia y variada.
Hay kabalistas que se basaron en la visión mística del profeta Ezequiel (Cap. 1 y 10) en el siglo I de nuestra
era. En cambio otros como por ejemplo en la España del siglo XIII desarrollaron sus técnicas sobre la base de
meditaciones sobre el nombre misterioso de Dios o Tetragramatón. En la misma España se desarrolló escuelas
orientadas a la teosofía kabalista. Otras comunidades del siglo XVI en Galilea pusieron énfasis en la oración
como meditación.
También existe una Kabbalah cristiana renacentista unida a la Filosofía hermética.
El movimiento jasídico del siglo XVIII y XIX introdujo en la Europa oriental la meditación con canciones y danzas
extáticas.
El simbolismo de la Kabbalah, sin embargo fue coherente en todas sus vertientes pero con un profundo sentido
dinámico.
Hoy en día la Kabbalah tomó un carácter más universal.
Para definir los alcances de la Kabbalah podemos decir que ella se nos presenta con tres elementos fundamentales: el
místico, teosófico y esotérico.
La Kabbalah es mística por cuanto privilegia el conocimiento como experiencia. La iluminación y la revelación son
sus elementos esenciales. Es teosófica pues trata de desvelar los misterios de la vida oculta de Dios y la
relación existente entre Dios, creación y ser humano. Y, es esotérica pues es un saber para iniciados que incluye
conocimientos tales como: Magia, alquimia, Astrología, cosmología, entre otras ciencias sagradas.
Los principales temas de la Kabbalah son: El misterio de la Creación, el Golem, el Aura, la Reencarnación y el
destino, los Guías espirituales, la Sanación, el desarrollo de la Intuición y la Profecía, la Vida después de
la muerte, el Más Allá, el Mesías y la Redención, los Ciclos Cósmicos, la Divina Providencia, y demás
temas relacionados con la vida de cada día como la Sexualidad, la Alimentación y la Purificación.
Las principales enseñanzas se basan en los 4 Mundos (Olamot) o dimensiones de la realidad y del alma, el Árbol de
la Vida o los 10 Sefirot y las 22 letras del alfabeto hebreo kabbalistas.
La contribución de la Kabbalah para el mundo contemporáneo es invalorable por cuanto nos brinda la certeza de la
experiencia en el camino del encuentro espiritual junto a una comprensión de las grandes verdades universales.
Ione
Szalay
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