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terapia de sanacion con cristales y/o gemas

Podemos considerar a los Cristales como un lenguaje que nos pone al alcance de la Naturaleza. Desde el reino mineral nos llega algo tan mágico como son los cristales y gemas.

Desde la ciencia, los minerales son clasificados como inorgánicos. El abordaje en este caso es desde una mirada integral del ser humano, y de cómo integramos nuestro plano espiritual a nuestra vida cotidiana. Con la ayuda de los cristales podemos conocernos en todos nuestros planos: físico, emocional, mental y espiritual.

Los Cristales son seres con un enorme poder, puestos al servicio de todos.

Humildes, no intrusivos, nos llevan hasta la profundidad de nuestro Ser; sus colores, texturas, transparencias y geometrías nos inducen a descubrirnos, nos guían, nos sugieren.

Trabajar con Cristales es como abrir "nuestra ventana al alma" para recibir y dar lo mejor de nosotros mismos a nosotros y al mundo.

Con los cristales y gemas podemos meditar, llevarlos encima, armonizarnos, limpiar nuestro campo energético, clarificarnos, purificarnos, hacer contacto con nuestra esencia, despertar Conciencia, etc. Depende de nosotros hasta dónde queramos profundizar. Cada piedra posee características y cualidades propias.

Tal vez te preguntes si... -¿La piedras son seres vivos?- o si...  -¿Siguen creciendo una vez extraídas de los yacimientos?-  

Ambas preguntas son afirmativas. Todo ser vibra y tiene vida, los cristales también. Sus átomos se disponen de tal manera que forman diferentes estructuras geométricas. A esto llamamos GEOMETRÍA SAGRADA manifestada a través de los cristales. 

El reino de los minerales cada vez tiene mayor responsabilidad con respecto a la reparación interna de nuestro planeta. Su vibración se va acrecentando cada vez más, provocando un impulso que estimulará al campo energético del planeta en su totalidad. Colabora para que el reino humano vuelva a los orígenes, para que podamos volver a contactarnos con la Madre Tierra. 

Los cristales y gemas trabajan en todos los cuerpos: en el cuerpo físico, en cuerpo emocional, en el mental y el espiritual. Asimismo nos permiten acceder a la multidimensionalidad que somos, integrándonos en todos nuestros aspectos y viéndonos como seres holográficos.

Los minerales más frecuentes que componen a las gemas y los cristales son: silicio, oxígeno, hidrógeno, cobre, flúor, manganeso, hierro, carbono, calcio, sodio, estaño, etc.

El oxígeno y el silicio se encuentran en casi el 75% de la superficie terrestre. La naturaleza química de las gemas y cristales, las pone en un estrecho contacto con el hombre;  en el cuerpo humano también encontramos estructuras cristalinas: esto hace que entre los cristales y el cuerpo se establezca una resonancia. El campo electromagnético de los cristales influencia también el entorno de una manera sutil.

Siempre que llegue un cristal a tu vida, recuerda limpiarlo con agua y un puñadito de sal marina. Déjalo por 3 días (sol y luna), luego enjuágalo. Una vez que el cristal esté adaptado a tu energía, puedes limpiarlo dejándolo un sólo día completo.

IMPORTANTE: Ten en cuenta que hay cristales que no pueden ir al agua, por ejemplo: selenita, azurita, cuprita, malaquita, apofilita, calcitas, ámbar, crisocola, ulexita, halita. Puedes limpiarlos sahumándolos con carboncitos e incienso, mirra o benjuí, salvia, o también las puedes colocar sobre una drusa de cuarzo si es que tienes una a mano. 

Otra alternativa es ponerlos sobre una planta (en la maceta) que esté en contacto con la tierra, de ser posible no más de un día.

A los que sí les gusta el agua es a los ópalos. Te recomiendo tenerlos ya sea en algún frasquito o en algodón siempre húmedo. Los ópalos contienen agua en el interior de su estructura molecular, por lo tanto, si se secan o están en ambientes muy cálidos, pueden deshidratarse y quebrarse. Se volverán opacos y con una textura algo rugosa.

Les invito a que cuando tomen un cristal en sus manos, tengan en cuenta que, lo miren desde donde lo miren, siempre van a ver su totalidad. Ninguna parte del cristal es más importante que la otra, todas sus partes representan algún aspecto nuestro. Cuando tomamos un cristal podemos percibir su color, textura, temperatura, formas, diseños, símbolos que puedan tener en su interior, etc. ¿En qué se parece ese cristal a nosotros?, ¿Con qué aspecto del cristal nos identificamos más? 

Por ejemplo: si tomamos un cuarzo transparente podemos ver que su base es más lechosa y que se va transparentando hacia la punta. Si esto lo pensamos en términos de nuestro crecimiento interior... ¿no es acaso lo mismo?. Cuando comenzamos a trabajar con algún aspecto nuestro, éste se encuentra en sombras, en un estado denso, oscuro. En la medida que vamos transitando el camino interno, nos vamos aclarando, vamos teniendo más claridad. Por supuesto, siempre nos encontramos con nuevas cosas en el camino, pero si miramos nuevamente a ese cristal de cuarzo, también veremos en su interior nubes, inclusiones de otros minerales, formas, símbolos, arco iris, figuras, etc. Ellos son como un espejo para nuestro crecimiento.

Los cristales, al acompañarnos en nuestro trabajo interno, se van transformando para ser esa cara visible de lo que nosotros mismos no nos animamos a ver en nuestro interior. Nos ayudan a mirarnos por dentro. La interacción los hace seguir creciendo y permitirnos a nosotros crecer con ellos. Es por esto que todo cristal puede seguir creciendo y evolucionando luego de haber sido extraído del yacimiento.

Al realizar una DISPOSICIÓN DE CRISTALES sobre el cuerpo, se ponen en movimiento caudales de información energética valiosa para trabajar con los chakras, abriendo, desbloqueando y armonizando estos centros de energía. También nos permite trabajar conectándonos con nuestra memoria celular y recuperando datos importantes para mejorar nuestra calidad de vida. Nos ayuda a comprender patrones de pensamientos, repeticiones, emociones recurrentes, diferentes estados anímicos.

Utilizado en meditaciones, sirven para despertar y desarrollar la intuición, conectándonos con las energías más profundas de nuestro ser.

En la SANACIÓN CON CRISTALES, se abordan zonas bloqueadas, emociones estancadas, patrones mentales rígidos o caducos y, fundamentalmente, nos ayuda a expandir nuestra conciencia sin juzgamientos ni críticas.

Ellos nos enseñan a volver a nuestro estado de salud original, equilibrado y armónico.

Siendo el reino mineral el primer reino que hace contacto con la espiritualidad, es a través de ellos que nos conducen al origen. Desde sus estructuras moleculares nos enseñan un orden, desde su transparencia nos enseñan un crecimiento y desde su vibración nos elevan hacia los planos superiores sin perder nuestras raíces.

Nos enseñan a traer el espíritu a la materia, a despertar y poner en acción nuestra Misión.

¿POR QUÉ SANAN LOS CRISTALES?

Por su estructura molecular: Ella vibra y está en resonancia con la estructura molecular de nuestro cuerpo físico.

Por el color: El color es una longitud de onda. Vibra en una frecuencia determinada que se corresponde con cada color de los chakras.

Por su GEOMETRÍA SAGRADA: Sabemos que el lenguaje universal está expresado en símbolos. En los Cristales podemos encontrar todas estas figuras, comprendiendo que su decodificación dependerá de nuestro trabajo interno con nosotros mismos.

Estamos viviendo momentos de cambios tan intensos y profundos, gestando la nueva Humanidad, que al relacionarlo con los cristales me viene una imagen muy bella, la de una mujer embarazada. Esa exuberancia de la naturaleza que da luz desde sus entrañas a alguien definitivamente "perfecto".

Así también crecen y nacen los Cristales. Dentro del vientre de nuestra Madre Tierra. Solo emergen cuando están listos para transmitir su mensaje.

Los cristales son los hijos de la naturaleza. Ella les da nacimiento y los pone en el mundo a nuestro alcance, para que todos podamos convivir en plena armonía

Alejandra Salatino